Me gustaría compartir este cuento creado por mi. Espero que os guste
El bosque de las mariposas
Había una vez, a las afueras de un pueblo abandonado, un mágico bosque lleno de hermosas mariposas de colores alegres y llamativos. También había árboles de todas las especies y tamaños, los cuales hacían que el bosque fuese un lugar oscuro y tenebroso. Sin embargo, los colores de aquellas mariposas ayudaban a que los pequeños animalillos que allí vivían, no tuviese miedo cuando se escondía el sol.
Un día, tras un terrible terremoto, el bosque quedó bajo tierra. Las mariposas, asustadas, volaron muy lejos de allí, pero los animalillos no pudieron escapar. Se quedaron asustados en aquel bosque subterráneo, en aquel bosque oscuro, en aquel bosque sin mariposas, en aquel bosque que ya no tenía ni luces ni colores.
No muy lejos de allí, había otro bosque en el que vivía la Bruja Maruja, una anciana mujer que siempre andaba buscando la manera de lograr el protagonismo que siete hermosas hadas tenían.
- ¡Cuando lograre deshacerme de esas estúpidas hadas! – gruñía arrugando su enorme y puntiaguda nariz.
Las hadas destacaban por sus preciosos cabellos rubios y por su delicada piel de porcelana, pero sobre todo por la alegría que desprendían sus hermosos vestidos de colores, uno de cada color. Todos las alababan, y por eso, Maruja las envidiaba.
- ¡Lo tengo! – dijo un día la malvada Bruja – hare una pócima, para apagar esos brillantes colores, así esas miserables ya no destacaran.
Dicho y hecho, Maruja realizó una pócima mágica siguiendo las instrucciones de su libro y engañó a las siete hadas para que se lo bebiesen. Éstas, eran tan humildes y buenas, que no veían las malas intenciones de los demás, por lo que se tomaron aquella pringosa bebida y de repente… ¡ZAS! sus vestidos perdieron los vivos colores que tenían.
Los vestidos de brillantes colores ya no brillaban, ya no destacaban y las hadas se sentían tristes. Ya nadie les hacía caso, ya no eran aquellas adorables hadas de los vestidos de colores. Por eso, decidieron marcharse en busca de un lugar donde las quisiesen por ser como eran.
Volando pasaron horas, volando pasaron días, volando pasaron semanas, volando hasta que de un pequeño hueco en la tierra escucharon unos llantos lastimeros.
- ¿Qué puede ocurrir? – dijo una de las hadas.
- No lo sé… pero alguien parece estar en peligro – contestó otra.
- ¡Entremos! – exclamó al final la más valiente
Las hadas entraron en aquel lugar oscuro y descubrieron que allí abajo había un bosque, un triste bosque, un bosque en el que los animales no correteaban, en el que los pájaros no cantaban, un bosque en el que no había ni luz, ni color.
De repente, se encontraron con el Señor Búho, que se pasaba los días trabajando sin parar, ya que en aquel lugar siempre estaba todo oscuro. Una de las hadas quiso saber que había ocurrido y él contesto con una triste y asustadiza voz:
- La tierra se movió y quedo sumida en la oscuridad. Las mariposas desaparecieron. Ya no hay colores, ya no hay alegría. Buscarlas por favor.
- ¡Oh chicas! Este bosque ha sufrido exactamente lo mismo que nosotras, ha perdido su color y su alegría. ¡Debemos ayudares!
Las hadas se miraron asustadas, sabían que lo que aquel búho les estaba pidiendo, era un gran reto.
- Pero… ¿cómo encontraremos a esas mariposas? – preguntó finalmente una.
Todas se quedaron calladas, pensativas y perplejas. Nadie sabía que decir, porque nadie sabía la respuesta. Entonces un fuerte estruendo les asusto. Se trataba de una tormenta.
- ¡Corramos a refugiarnos! – gritaron las hadas y se cobijaron en una cueva cercana.
Una vez pasada la tormenta, las hadas salieron de aquella húmeda cueva y una luz cegó sus ojos azules.
- ¡Oh! Ha salido el arco iris – exclamaron todas a la vez.
Evidentemente, tras la tormenta había salido un enorme y precioso arco iris, que daba al bosque un hermoso aspecto, lleno de luz y color. Además, todos los animalillos que en él vivían, comenzaron a salir contentos al ver de nuevo la luz.
- ¡Qué bonito es este bosque! – dijo una de las hadas.
- Si, lo es – contestó otra – pero desaparezca el arco iris, todo volverá a quedarse oscuro y estos pobre animalitos volverán a esconderse en su madriguera.
- Es verdad, ¿qué podemos hacer para ayudarles? – preguntó una dudosa hada. Pero de nuevo todas se quedaron calladas, ya que aún no habían encontrado la respuesta.
Fue entonces cuando del arco iris apareció una enorme sombra. Se trataba de la Hada Madrina que ayudaba a todas las hadas del mundo cuando se encontraban en peligro.
- Pequeñas y revoltosas hadas, ¿qué ha pasado con los hermosos colores de vuestros trajes? – les preguntó.
- No lo sabemos. Un día la Bruja Maruja nos dio una pócima que estaba deliciosa y nos dijo que con ella seríamos aún más hermosas. Pero nuestros colores desaparecieron y ya nadie nos hacía caso en el bosque. Por eso decidimos marcharnos de allí – contestó una.
- Entiendo – dijo la Hada Madrina. Sabía que Maruja los había engañado para conseguir ella el protagonismo en el pueblo – Os ayudare a recuperar los colores de vuestros trajes y también los de este hermoso bosque.
- ¿Y qué debemos hacer? – preguntó otra de las hadas.
- Debéis encontrar una flor de cada color del arco iris. Pero eso sí, debéis traerlas en menos de una hora, si no, vuestros vestidos quedarán así para siempre y tanto este bosque como sus pequeños animales no volverán a ser felices nunca más.
- ¡¡Muchas gracias Hada Madrina!! – dijeron las siete hadas y se pusieron manos a la obra.
- ¡Esperad! – exclamó el Hada Madrina – os daré un último consejo. Id cada una en busca de una flor, si no, no os dará tiempo.
Las pequeñas hadas le hicieron caso y decidieron ir cada una en busca de una flor, cada una en busca de la flor que fuese del mismo color que su vestido. Entonces, cada una cogió un camino diferente.
Al cabo de casi una hora, seis hadas habían encontrado una flor cada una, pero la hada que tenía que buscar la flor verde, no aparecía. Quedaban tan solo tres minutos para que pasase la hora, si no, jamás podrían recuperar los colores.
De repente, a lo lejos se vio una sombra que se acercaba rápidamente. Algo verde se veía en su mano y pequeñas manchas de colores revoloteaban a su alrededor.
- Mirad chicas, allí viene el color de la esperanza – les dijo el Hada Madrina señalando a lo lejos
Entonces el hada verde llegó y aquellas manchas que revoloteaban a su alrededor eran las mariposas del bosque, que habían pasado los días en aquella flor verde, verde esperanza.
Todas le dieron sus flores al Hada Madrina y ésta las metió en un bote que contenía un líquido de colores. Agitándolo dijo:
- Azul oscuro como el mar y el claro como el cielo, morado de amistad y el rojo del te quiero, amarillo como el sol acompañado del naranja, que con la ayuda del verde, mantienen la esperanza.
Después abrió el tarro y los colores salieron distribuyéndose por todo el bosque, llegando hasta el sol y por último, dando de nuevo los brillos a los vestidos de las hadas.
Todos los animales comenzaron a salir de sus madrigueras, las mariposas revoloteaban alegres, las hadas miraban perplejas sus vestidos y el bosque volvía a tener luz y colores.
- Gracias, muchas gracias – se escuchó la voz del búho.
- No nos des las gracias a nosotras, dáselas al Hada Madrina – respondió el hada verde, girándose para mirarla. Pero ésta ya no estaba.
Las hadas se despidieron de todos y salieron rumbo a su bosque, pero por el camino el hada roja, propuso a las demás quedarse a vivir en el bosque de las mariposas, ya que en él las querían tal y como eran y de esa manera, siempre serían felices, pasase lo que pasase.
Todas estuvieron de acuerdo y sin pensárselo dos veces regresaron. Los animalillos y las mariposas las recibieron con los brazos abiertos.
Desde entonces, en el bosque todo es felicidad, alegría y bondad. El miedo, la tristeza y la maldad no existen en un mundo de colores, donde gracias al verde, siempre tendremos esperanza.
Zuriñe